Daños al sistema bancario y a sectores no financieros


Desde el punto de vista de la agencia calificadora Moody’s, la reforma en materia eléctrica tendrá impactos negativos para el sistema bancario, pero también para grandes industrias como la automotriz y la de aviación, cuyo acceso al financiamiento y a mercados como el europeo y el estadunidense se dificultará si no cumplen con estándares internacionales de menor emisión de carbono y el uso de energías limpias. De entrada, la incertidumbre ya borró este año a México de la lista de países más atractivos para invertir.

La política energética, en especial la reforma eléctrica, no solamente tendrá consecuencias desfavorables para el sector de energías renovables; a mediano y largo plazos comprometerá el acceso de grandes industrias como la automotriz, aviación y minería, además del sector bancario –incluyendo la banca de desarrollo– a los mercados financieros internacionales, donde crecen año con año los instrumentos de deuda sostenibles y relacionados con las bajas emisiones de carbono.

“La reforma va más allá del sector eléctrico. De entrada no incentiva la inversión en renovables, limita la inversión privada, tampoco abona al sentido de la soberanía energética. Si no hay un plan de energías renovables como lo plantea la reforma en materia eléctrica, también está limitando los proyectos en su financiamiento en diferentes áreas”, advierte en entrevista Adrián de la Garza, analista principal de la agencia calificadora Moody’s Investors Service.

En su reporte El cambio de política frenará la inversión privada: retrasando el camino del país hacia una energía más limpia, publicado el pasado 24 de marzo, la firma advirtió:

“Las empresas no financieras en México enfrentan un riesgo de transición de carbono mayormente externo, ya que los acreedores internacionales favorecen cada vez más empresas ecológicas que tienen como objetivo reducir las emisiones y diversificarse en actividades comerciales rentables con bajas emisiones de carbono”.

De acuerdo con De la Garza, el mercado de deuda sostenible o los sustainability bonds ha ido en aumento. Explica que para 2022 se espera que haya 1.35 trillones de dólares en este tipo de bonos a nivel global, lo cual representa un crecimiento de 36% respecto a 2021. “Un crecimiento robusto y con comportamiento muy agresivo”, acota.

Por ejemplo, agrega, en 2021 estos bonos crecieron 64% respecto de 2020, año de la gran recesión mundial. “En 2022 esperamos que representen 15% de las emisiones de deuda total. Va a continuar creciendo y va a ser una parte importante de estas emisiones. Sin embargo en América Latina, África y Medio Oriente representa apenas 2% de los bonos totales”, abunda.

Pero el hecho de que América Latina sea una de las regiones que menos emiten bonos sustentables no exime a México de sus compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

De hecho, México se convirtió en el primer país del mundo en emitir un bono soberano sustentable vinculado a los ODS por un monto de 750 millones de euros o 855 millones de dólares gracias a que 78% de los programas presupuestarios de nuestro país están vinculados con al menos un ODS, excepto el que tiene que ver con “Energía asequible y no contaminante” que es el ODS 7.

Los programas presupuestarios más significativos y que cumplieron con los estándares internacionales son los vinculados al ODS 3 “Salud”, el ODS 4 “Educación” y el ODS 2 “Hambre Cero”, los cuales representaron 34.1%, 31.6% y 16.3% de los recursos elegibles.

Adicionalmente, el ODS 8 “Trabajo y Crecimiento Económico” representó 5.7%, mientras que el ODS 9 “Industria e Infraestructura” 12.3%. Es decir, solo cinco de los 17 ODS fueron vinculados con las acciones gubernamentales de la autoproclamada Cuarta Transformación.